Sí puedo abrirte algo más que las piernas: mi alma y mi corazón. Aquí los tienes para que los hagas pedazos. Querías entrar en este espacio, ¿verdad? Entra, pero ya no hagas más destrozos...


Saturday, 6 February 2016

El reencuentro

Fue una simple chispa desde la primera vez que te vi, y a partir de ahí, se encendió mi cuerpo. Lograste percibir cada molécula ardiendo en mí, y eso te enloquecía, lo que te puso inmediatamente a planear como poseerme sin pudor alguno, Y así, surgieron incontables encuentros

Luego de tanto tiempo sin contacto alguno, no sé cómo conseguiste la dirección del gimnasio, pero de pronto, ahí estabas, observándome sin yo darme cuenta, cuando de prono, sentí tu voz susurrándome por detrás, diciendo "vine por algo que te debo", mientras fingías pedir información sobre horarios y entrenamientos.  Podía sentir tu mirada devorándome, examinando minuciosamente los pequeños cambios que ha dado mi cuerpo con las rutinas de ejercicios. Ay, tus ojos... ¡ay, tus ojos, cómo me matan!

Dejaste rápidamente una nota sobre la máquina en la que me ejercitaba,  Me esperabas en el baño del segundo piso en donde no había nadie. Subí, aún dudando si estabas ahí. Apenas viste mi sombra, me jalaste hacia ti y me enmudeciste con un beso apasionado, de esos que dejan sin aire, de esos capaces de mojar las bragas al primer minuto. Luego me arrimaste con fuerza sobre la pared, me apretaste con fuerza contra ti con una mano, y sentí la otra en mi entrepierna, jugueteando, del mismo modo que jugueteabas con tu lengua en cada beso, y eso me volvía cada vez más loca.

Decidí cerrar la puerta del baño, y empujarte hacia el mesón del lavabo, puse mi mano derecha sobre tu muslo, y sentí cuán duro estabas; desabroché el pantalón, deslicé la cremallera y me hinqué para saborearte. Me excitaba más sentir en mi boca tu centro, cómo se humedecía, cómo vibraba y cómo la rigidez se apoderaba con más fuerza de ti. Fue delicioso volver a probar ese manjar que tienes bajo tus bóxers, mi cuerpo lo necesitaba.

Me detuviste, aunque sé que querías más, pero me ofreciste reciprocidad, y me subiste al mesón. Yo tan mojada, tan ansiosa de que me tomes como siempre lo hacías, sentía una increíble explosión incluso antes de que te hincaras. Cuando lo hiciste, cuando sentí tu lengua lamiéndome, no pude contener el grito de placer que quería dejar escapar. Fue maravilloso verte a gusto disfrutando de mi centro, como succionando néctar. Hasta que súbitamente te erguiste y entraste en mí con vigor, alternando entre ritmos suaves y rápidos, pausando para sentir la fusión. Nuestros cuerpos sudaban, y por más que lo intentamos, el jadeo fue inevitable. Sentir toda la sinfonía de tu cuerpo sobre y dentro del mío, era tan parecido a la sensación que produce un porro, y no había mayor prueba de mi gozo que mis pezones y cada respuesta a tus movimientos, pidiendo más, pidiendo que marcaras tus dientes, tus uñas, tu piel entera sobre mí.

Fueron cuarenta minutos candentes, dulces, tan llenos de fuego que el temblor de mis piernas y mi cuerpo entero duraría un par de días, pero que me harían desear sin duda, volver a sucumbir ante ti, y confesar otra vez con cada parte de mí, que nunca podría enloquecer de tal manera con alguien más.
Ahí estaré, esperando a que te entregues a la magia de la combustión que sólo tú y yo somo capaces de producir...

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